<<Y allí
veía el rostro de lo que parecía ser mi difunto abuelo, ¿o era una gárgola? No
lo sé, pero aquel día no pude salir de casa, ni siquiera moverme de la
habitación en la que me encontraba. Mirase donde mirase, veía objetos, figuras,
rostros, letras... me estaba volviendo loco. No podía moverme porque sentía que
me miraban. Intentaba irme, pero las letras que creía ver decían
"NO". Estaba sudando, necesitaba aire fresco. Aquellas cuatro paredes
me estaban amargando la existencia. Tuve una excelente idea pero no podía
realizarla. Llamé a un carpintero y me entendió a duras penas, pero al fin vino. Le dije que tirase la puerta abajo, ya
que yo no podía moverme. Escuchando mi voz se acercó hasta la habitación
maldita.>>
—¿Qué ocurre,
señor?—preguntó bastante preocupado.
—Me estoy
volviendo loco—dijo con la voz entrecortada—. Llevo casi un día encerrado en
esta habitación y necesito salir ya. Veo rostros y figuras por todos lados.
Ayúdeme.
El carpintero
rápidamente se dio cuenta de lo que pasaba. No era la primera vez ni la última.
Era el gotelé. El dichoso gotelé. Sus miles de puntitos hacen que la gente con
problemas vea figuras, rostros, objetos, palabras... Lo más rápido que pudo, el
carpintero llenó de madera las paredes y el techo de esa maldita habitación.
El hombre se
tranquilizó mucho, aunque murió al día siguiente en otra habitación, ya que
sólo arreglaron una.

Grande.Te quiero, calbo.
ResponderEliminarMaravilloso puto loco, maravilloso.
ResponderEliminarSeguid así.
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